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VI Torneo Kontxa 2018

13 abril, 2018

Hola amigo:

Como viene siendo habitual, la organización por parte del OPLA del Torneo Kontxa para jugadores de categorías inferiores, nos brinda la posibilidad de contribuir a la promoción del rugby y de esta forma intentar devolver un poco de lo mucho que nos ha aportado este deporte a lo largo de nuestras dilatadas vidas.

Este año el Torneo se celebrará el día 27 de mayo, domingo. Como bien sabes, toda ayuda es poca. Te invito a participar de algún modo en la celebración de este acontecimiento, ya que sin tu ayuda no se podría llevar a cabo. Este año se dan algunas novedades de las que serás puntualmente informado.

Al igual que en pasadas ediciones después del torneo celebraremos una comida de hermandad a la que también puedes asistir. En caso de estar interesado en participar en la comida, por favor confírmalo poniéndote en contacto conmigo y especificando:

– Si puedes ayudar en la preparación del torneo, el viernes 25 o el sábado 26 de mayo.

– Si puedes ayudar en la celebración del torneo, el domingo 27 de mayo.

– Si asistirás a la comida del día 27 a las 15:00 horas.

Te agradezco por anticipado tu pronta respuesta.

Aprovecho la ocasión para trasladarte, en nombre de la directiva, mi testimonio de consideración y afecto.

Javier Blanco

Secretario General

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Las Vegas: rugby time

5 marzo, 2018

Ahora que ya estamos instalados en Las Vegas, es hora de disfrutar de rugby de primer nivel. En los próximos tres días se disputa la Seven World Series en esta ciudad y ésta ha sido la excusa perfecta para montar el viaje.

Aprovechamos la mañana para hacer algo de shopping, visitar algún outlet y volver a juntarnos en el hotel. De allí andando al hotel de al lado (Excalibur), para tomar los autobuses lanzadera que nos llevan/traen al estadio en menos de media hora. De hecho, el estadio no está propiamente en Las Vegas, sino en la vecina población de Henderson.

¡¡Y comienza el espectáculo!! Los partidos se van sucediendo y empezamos a disfrutar del auténtico Seven. Por poner algún pero, no podemos olvidar que los americanos debieron de dejarse la puerta abierta. Con lo que la corriente heladora nos hizo pasar frío a pesar de estar a pleno sol.

Y quizás eso también hizo que al llegar la noche, la mayoría del grupo decidiera descansar y meterse a la camita a la hora de Telerín. La “alegre” noche anterior y el frío hizo mella, ya te digo…

Al día siguiente amanece algo más nublado y no dudamos en llevar toda la ropa de abrigo posible al estadio. No queremos quedarnos pajaritos como ayer. Partidos y más partidos, jugadas de increíble calidad que consiguen sorprender a la grada. Y es una grada con ganas de pasarlo bien, con mucha gente disfrazada y donde la pantalla del estadio da juego en los tiempos muertos.

Una vez terminados los partidos de grupo, hay un pequeño receso donde la gente aprovecha para comer y beber en la campa habilitada en el exterior del estadio. Diferentes puestos de comida internacional, tienda oficial del torneo, concierto, juegos… Todo lo necesario para que la gente lo pase genial.

Llega la hora de que empiecen los cruces y hacer una pequeña porra para acertar el ganador y finalista del torneo. Por 5 dólares, cada uno hace su apuesta. Para cuando termina la jornada, algunos ya han quedado fuera de la pugna, pero habrá que esperar a mañana para saber el ganador, tanto del torneo como de nuestra porra.

Vuelta al redil del hotel, para salir todos juntos a cenar. Y a pesar de tener reservada la cena en otro hotel cercano (Mandalay Bay), es increíble como se lo montan aquí para que casi no tengas que pisar la calle. Cuanto más tiempo estés dentro, más posibilidades de que te gastes el dinero en ellos y sus ruletas, etc. O sea que, por pasarelas, galerías y demás, llegamos al Mandalay Bay y hay que buscar el restaurante. Desaparecen las indicaciones y tenemos que dividir el grupo en varios frentes para encontrarlo…

Una vez en la mesa, el “filet minuit” es el protagonista de la cena otra vez… se ve que le hemos cogido gusto… Entre vinos, aperitivos y demás, la cena sale algo más cara de lo esperado, pero la txartela del OPLA lo soluciona. Veremos más adelante si el señor tesorero arregla la cuentas.

Y ya nos topamos otra vez con la noche de Las Vegas. Alguno se retira, otros juegan un rato la ruleta (según dicen, con beneficios), incluso también aparece el jarabe y alguna medicina vegetal, que debe ser legal en Nevada. Bailoteos, chicas y cerveza, para acabar como acaban las parrandas en esta asociación.

Mañana siguiente con cierta resaca, para abandonar las inmensas habitaciones del hotel. Dejamos las maletas recogidas en una habitación del lobby. Vuelta al estadio parar presenciar los importantes partidos de hoy. Prometen mucho y no defraudan, aunque salta la sorpresa en algunos cruces y va a resultar una final en la que solo 4 de nuestros apostantes pueden llevarse la pasta. Fiji y Sudáfrica, que estaban realizando el mejor rugby del torneo, caen para dejar paso en la final a USA y Argentina. Para alegría de los presentes, los locales se llevan el torneo ganando con claridad a los pumas. Y entre los nuestros la porra se la lleva Lalo, con lo que vuelve a casa con 80 dólares más.

Termina el torneo y va acabando también nuestro periplo por estas tierras. Es hora de volver al hotel, coger las maletas y pedir unos Uber para ir al aeropuerto. Pero… Oh my god!! Cuando salimos a pedir los Uber, una pedazo limusina negra aparcada nos dice que si queremos nos lleva. Por 85 dólares dice que entramos todos con nuestras maletas, y razón no le falta. Eso sí, nos encajamos como sardinas para realizar el trayecto bajo luces led de colores al ritmo de “despacito”. Una curiosa forma de acabar nuestra estancia en Las Vegas, para posteriormente realizar el largo trayecto hacia Bilbao vía Londres.

¿Vamos pensando en la siguiente escapada?

¿Pero que río es este?

2 marzo, 2018

La mañana amanece fresquita sobre el Gran Cañón. A las 7 de la mañana la temperatura es de -6°C, pero una ligera brisa hace que parezca más gélida. La idea es ver amanecer y luego ir en coche hasta el comienzo del trekking hacia el fondo del cañón, pero la desinformación ha hecho que parte del grupo desayune y otros no. Y eso ha crispado el humor de algunos. Nada grave, no llegará la sangre al río, más que nada porque queda muy abajo en el cañón, jeje.

Con algo de retraso tiramos hacia el trekking, para tomar el Kaibab Trail hacia el fondo del Cañón. El sendero, estrecho y con partes heladas, hace que algunos demuestren lo aprendido en las Olimpiadas de invierno en patinaje artístico. Mención especial para Kopi que ha logrado un 9,80 con un “spagat carpado con doble tirabuzón”. Ander también lo ha intentado y un lesión por impacto en el glúteo derecho ha impedido que pudiera optar a medalla. En fin, que el sendero estaba peligrosillo y había que bajar con cuidado.

Fotos y más fotos en este espectacular paraje. El sol ya ilumina parte del cañón y la roca adquiere todas las tonalidades y colores desde el naranja hasta el ocre. El frío ya se va pasando según giramos en un recodo y quedamos fuera de las sombras.

Al final, bajamos en casi dos horas hasta un lugar llamado Skeleton Point, donde logramos divisar el río Colorado al fondo del cañón. Es momento de reponer fuerzas a base de chocolate, frutos secos y galletas. Y sin que sirva de precedente, creo que sin nada de jarabe.

Es en ese momento cuando, al que suscribe, se le ha acercado un compañero para preguntar: “Que quede entre tú y yo, pero ¿qué río es este?”

Ahora toca sudar y desandar todo lo bajado. El grupo empieza la subida a un ritmo endiablado, para poco a poco ir perdiendo elementos por cola de pelotón. Mira si seremos burros, que la subida la hemos realizado en menos tiempo que la bajada. ¡¡Ahí se demuestra la capacidad de este equipo!!

Vuelta a los coches y rumbo a Las Vegas. Son casi 4 horas de carretera y cada coche se las arregla para comer, echar gasolina o lo que sea menester. Unos se han metido un buen menú de carretera, otros han comido perritos calientes, conducir por la Ruta 66, etc.

Ya reagrupado el equipo en el Luxor Hotel, es hora de salir a conocer la parte más antigua de Las Vegas, donde los equipos que van a participar en el Seven hacen un desfile. Allí hemos flipado con la envergadura de los fijianos o el cariño que tiene la gente a los samoanos o keniatas. Y de como se lo montan los americanos, todo a lo grande. Y tras el “Parade”, empieza la noche. Poco se puede contar ya que, entre jarabe, cervezas y tequilas, la noche de vuelve un poco opaca…

Hacia el Gran Cañón…

1 marzo, 2018

Miércoles 28 de febrero. La cita era en el lobby del hotel, tras bajar de la planta 14 donde están nuestras habitaciones en la pirámide y atravesar todas la ruletas y mesas de juego. Son las 7:30 de la mañana y hay gente jugando a estas horas, quien sabe si llevan toda la noche o amanecen con ganas de apostar.

Reunimos al rebaño y tras repartirnos en los 4 coches que tenemos alquilados, nos ponemos en ruta. La primera parada la hacemos a la salida de Las Vegas, en el famoso rótulo de bienvenidos a la ciudad. Primera foto del grupo completo, y tira millas, poco más para ver había ahí.

Pero al continuar la ruta, no ha sido posible ir todos juntos. Marulanda nuestro gurú ha hecho “cierta maniobra extraña” y hala!! Cada coche a buscarse la vida para llegar a la presa Hoover. Con mayor o menor complicación, todos hemos llegado a la frontera de Nevada y Arizona, para admirar esta obra de ingeniería que es la presa Hoover.

Oye, ¿pero porqué no desayunamos? Echamos un par de millas hacia atrás y paramos en un casino de carretera. Qué mejor que un buen desayuno dejando las maquinitas de lado. Buena elección para alimentar a nuestros esqueléticos cuerpos y regarlo con cerveza. No son más de las 10 de la mañana y ya estamos pimplando, jodeeer…

De vuelta en la carretera, hacemos una pequeña parada en la histórica Ruta 66. Era un diminuto pueblito de cuyo nombre no puedo acordarme, pero que los locales estaban repletos de motos, coches, carteles e infinidad de objetos relacionados con la ruta. Pit-stop con derecho a la toma de jarabes varios y rehidratación.

Algunos coches hemos continuado por la Ruta 66, mientras otros parecían tener más prisa y se han ido por la interestatal. Y así han pasado las millas y el tiempo hasta llegar al Parque Nacional del Gran Cañón. Allí nos hemos instalado en las cabañas del Bright Angel Lodge, al borde mismo del Gran Cañón. Pero la mayor sorpresa ha llegado cuando las habitaciones solo tenían camas dobles, por lo que hemos tenido que compartir camas. Oh my god!!

Estaba a punto de atardecer y hemos salido a disfrutar de las vistas con un paseo antes de perder la luz. Buen momento para seguir echando risas sobre el detalle de las camas y preparar los detalles para el día de mañana. Cena temprana y cada parejita a su habitación, a gozar de los roces tras las sábanas. Eso sí, dicen que en alguna habitación ha habido botellón, pero son fuentes no contrastadas.

Welcome to Las Vegas

1 marzo, 2018

La última jornada en San Francisco ha sido la más relajada. Hemos empezado el día con un típico desayuno americano, en un típico local abierto las 24 horas y con la típica camarera rellenando las tazas de café. Todo muy típico, pero la camarera era salvadoreña.

Luego disponíamos de tiempo hasta el mediodía para realizar las últimas compras o visitas. Y como, aunque parezca mentira, todavía no habíamos montado en tranvía esa ha sido nuestra primera elección. Una de las líneas empieza junto al hotel y allí hemos ido de cabeza. Eso sí, tras pagar los 7 pitxardos que cuesta subirse al tranvía.

Todos como niños buenos, sentaditos en la parte exterior a pesar de la temperatura fresquita del día. Vaciles varios, fotos y vídeos, y antes de lo esperado llegamos a la última estación. Y como lo hacemos cerca de la costa, toca paseíto hacia el Golden Gate.

Antes de llegar a él, el grupo se separa. Unos se van de shopping mientras otros se encaminan hacia el Golden Gate Park: debe ser el parque urbano más grande de EE.UU., mayor que Central Park.

Vuelta al hotel para recoger las maletas, no sin antes darnos un homenaje de costillas de cerdo en un local muy recomendable. Transporte urbano hasta el aeropuerto y hacer las gestiones habituales para volar a las 17:35 a Las Vegas.

Tras un vuelo tranquilo de poco más de una hora, llegamos a la ciudad de los neones y el juego. Ya desde al aire se hace palpable su luminosidad. Ahí deberíamos juntarnos al resto del grupo que llega hoy, pero los trámites aduaneros los atrasan y no les vemos hasta que llegan al lobby del hotel.

Una vez acomodados y flipando con todo el meneo de ruletas, tragaperras y demás, salimos a dar una vuelta con la boca abierta. Parecemos Paco Martínez Soria… todo es exagerado, todo es cartón piedra, todo es excentricidad, todo es mayúsculo.

Caminamos desde nuestro Hotel Luxor hasta el conocido Bellagio, para ver brotar sus fuentes al ritmo de la música y buscar un lugar donde cenar. Eso sí, con algunas cervecitas de hidratación que acompañen las hamburguesas. Luego cada pájaro a su olivo, que el jet-lag de los recién llegados no perdona. Ya habrá tiempo de conocer más a fondo lo que se esconde tras los neones.

Ah, y el rugby llegará, que para eso hemos venido… o no? Partidos? Qué partidos?

Algo más que San Francisco

27 febrero, 2018

El humor y buen ambiente que caracteriza al grupo, ha estado verdaderamente patente en la jornada de hoy. Y eso que la persistente lluvia nos ha amenizado el desayuno, vaya forma de caer…

Pero las nuevas tecnologías decían que iba a parar para las 9 de la mañana… confiaremos… Y así ha sido!! Ya casi no llovía cuando hemos cogido los coches de alquiler para conocer los alrededores de San Francisco. Los chóferes contratados decían llamarse Txapi y Alvarotti, casi tan eficientes como los de Uber.

Tirando millas hemos llegado al puente. Hoy no tocaba el de “Reineta” sino el gran Golden Gate. Paradita tras cruzar el puente para echar una fotos y continuación hacia Muir Woods. Eso sí, todos muy guapos y repeinaditos para la foto.

En una cómoda media hora ya estábamos en el Centro de Visitantes de Muir Woods, un bonito Parque Nacional repleto de sequoyas gigantes. Calzarnos las botas, otra fotito para enseñar a los nietos, un poco de jarabe guatemalteco y comenzamos la pateada.

Hay senderos muy bien señalizados y preparados hasta para sillas de ruedas. Algo muy asequible para este equipo de gente que peina canas y/o frentes muuuuy despejadas. Pero no nos podíamos conformar con eso…

Tras media horita de caminata, las señales han desaparecido por causas aun desconocidas y el sendero seguía en ascenso. No sabemos si por causa del jarabe o no, pero el hecho es que en un momento concreto ha habido que tomar decisiones. Se ha dividido el grupo y alguno seguro que consigue llegar al coche.

Mención especial para nuestro amigo Silver, que según una aplicación de su móvil, está cerca de superar el récord de kilómetros de Forrest Gump. Y lo acredita el doctor del grupo ni más ni menos.

Vuelta a los coches y nos hemos acercado a la costa del pacífico para intentar divisar ballenas. Antes había que llenar el buche y la elección un bar de carretera. Ostras, vino de california, pescadito… No nos privamos de nada.

Al final, según el camarero no debe ser época de avistamiento de cetáceos, por lo que hemos cambiado de plan y hemos tirado hacia Sausalito. Es una de las ciudades que están dentro de la bahía, conocida por sus casas flotantes y con muchas chozas jalonando las colinas. Y el puerto deportivo con muuuuchas embarcaciones.

Vuelta a San Francisco para devolver los coches y salir a disfrutar la ciudad “by night”. Dicen las lenguas que el grupo terminó cenando en Castro, el barrio gay de la ciudad. Veremos como acaba la noche…

Aquí estamos, San francisco

26 febrero, 2018

Tras una interminable jornada, con 2 vuelos y tropecientas horas en el aire, llegamos al aeropuerto de San Francisco con ganas de llegar al hotel. No hubo grandes sorpresas y para gozo y júbilo de la parroquia, todos conseguimos entrar en USA.

Ahora tocaba llegar al hotel, para lo que nuestro guía, intérprete y payasete a tiempo completo Pedja decidió que cogiéramos el trenecito. Y ya cerca del hotel nos sorprendió la celebración del Año Nuevo chino en las calles de Chinatown, con dragones de colores por las calles y cohetes o petardos a tutiplén.

Era hora de hidratarse y llenar el buche. Y como no, empezamos a andar sin una ruta fija y nadie que cogiera el mando. Resultado: todos los restaurantes en los que preguntamos estaban llenos de chinos o ya estaban cerrando, y la pateada seguía y seguía. Pero bueno, algo ya encontramos para saciar nuestras ansias.

Hoy hemos madrugado para visitar la isla de Alcatraz y, para sorpresa de todos, no nos ha resultado tan difícil salir todos de allí. No han conseguido dejarnos tras los barrotes.

Como no podía ser menos, una vez en tierra hemos vuelto a la senda y hemos tenido que volver a hidratarnos con refrescante zumo de cebada. Patear, visitar, beber… qué vida más estresante… y así todo el día…

Veremos lo que nos depara lo que queda de la noche californiana.